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Acidificación de los océanos por exceso de dióxido de carbono

Entre las preocupaciones medioambientales que más atenciones focalizan en la actualidad por parte de la comunidad científica internacional, y también de la parte de la sociedad más concienciada con los planteamientos de la ecología, podemos encontrar problemáticas como el cambio climático y el calentamiento global, la contaminación atmosférica o la contaminación de los océanos por los residuos plásticos y microplásticos. Pero a estos problemas medioambientales de primer orden, debemos sumar también otros menos palpables o menos conocidos, pero igualmente preocupantes. Este es el caso de la rápida acidificación de los océanos que se viene dando en los últimos años, principalmente a partir de la Revolución Industrial y del profundo cambio que esta supuso para la economía mundial. Esta acidificación de las aguas es consecuencia directa de las problemáticas anteriormente mencionadas y sus efectos pueden ser igualmente devastadores para los ecosistemas marinos y para su biodiversidad. Por ello, hoy queremos dedicar unas líneas a explicar en qué consiste el proceso de acidificación de las aguas oceánicas, a conocer sus causas y también sus posibles consecuencias. Un nuevo reto medioambiental que debe servirnos como aliciente para realizar, de una vez por todas, una transición urgente hacia un modelo económico, productivo y de consumo, mucho más sostenible. 

¿Qué es la acidificación de los océanos?

La acidificación de los océanos es, como puede intuirse por la propia naturaleza del término, que las aguas de los océanos tienen un carácter cada vez más ácido. Para entender la importancia de esta problemática medioambiental, primero hay que conocer brevemente lo que significa el carácter ácido o alcalino de un medio, en este caso, el de las aguas oceánicas. La acidez o la alcalinidad de un medio en disolución, va a venir definida por la concentración de átomos de hidrógeno o de iones de hidrógeno que presente este medio. Según sea esta concentración, podremos hablar de un medio ácido, cuando la concentración de iones de hidrógeno sea alta; o básico o alcalino, cuando la concentración de iones de hidrógeno sea baja. Esto se representa a través de la escala de pH, en la que se determinan 14 puntos en los que el punto neutro estaría en el 7. Todos los valores inferiores a 7 representarán la acidez, mientras que los valores superiores a siete mostrarán el carácter alcalino de una disolución. 

Volumen de dióxido de carbono absorbido por los océanos y la evolución de PH a lo largo de los años

Aplicando esta misma dinámica a las aguas de los océanos, observamos que estas muestran, de manera promediada, un cierto carácter básico o alcalino que rondaría el pH 8,0 – pH 8,3, algo variable en función del lugar donde se realicen las mediciones. La preocupación sobre la problemática de la acidificación de los océanos surge una vez que se comprueba que las aguas marinas se han vuelto más ácidas durante los últimos 200 años, coincidiendo con los inicios de la Revolución Industrial. Así, de manera global, la acidez de los océanos habría aumentado 0,1 puntos en la escala de medición del pH. Esta cifra podría parecer poco significante, pero hay que aclarar que esta escala es logarítmica, lo que significa que pequeñas variaciones en el valor numérico de la misma pueden suponer grandes cambios a efectos prácticos. En este caso concreto, esa variación del pH implicaría que las aguas de los océanos son un 30 % más ácidas hoy que en el año 1800

¿Por qué son los océanos cada vez más ácidos?

Todas las investigaciones científicas coinciden en señalar el origen humano del rápido aumento de la acidez de los océanos. Este aumento de los niveles de acidez de las aguas marinas tiene que ver con su capacidad para absorber el CO2 atmosférico, el principal gas de efecto invernadero. Estas emisiones de CO2 aumentaron vertiginosamente a partir de la Revolución Industrial (1760-1840), en tanto a que supuso el paso a una economía mundial basada en la explotación y uso de los combustibles fósiles como fuente de energía sobre la que se sustentan prácticamente todas las actividades humanas. 

acidificación de océanos

Así, la absorción del CO2 atmosférico por parte de los océanos sirve para paliar los efectos del cambio climático, del deshielo de las masas polares, o de la contaminación atmosférica. Pero a su vez, origina un nuevo problema: el CO2 reacciona con el H2O presente en los mares, formando ácido carbónico (H2CO3) y liberando iones de hidrógeno e iones de carbonatos. En consecuencia, aumenta la acidez de las aguas.  

Esto plantea un problema medioambiental sin precedentes en la historia para los ecosistemas y la biodiversidad marina. Y es que no se tiene constancia de un aumento similar de la acidez de las aguas oceánicas en más de 25 millones de años, siendo la composición actual de los mares la más ácida de los últimos 800 000 años. Una clara consecuencia de los más de 500 000 millones de toneladas de CO2 que los seres humanos hemos emitido a la atmósfera desde el inicio de la Revolución Industrial, un tercio de los cuales, han sido absorbidos por las aguas oceánicas. De seguir contaminando el planeta al ritmo actual, se prevé que para el año 2050 el nivel de pH global baje otros 0,3-0,4 puntos, lo que supondría un aumento de los niveles de acidez de las aguas de aproximadamente el 250 % con respecto al nivel que tenían en 1800. 

Consecuencias de la acidificación de los océanos

NOAA – En experimentos de laboratorio, esta concha se disolvió en el curso de 45 días en el agua de mar ajustada a una química oceánica proyectada para el año 2100.

Las principales consecuencias medioambientales que tiene la acidificación de los océanos tienen que ver con la debilitación del crecimiento de cientos de especies de seres vivos marinos, así como la destrucción de ecosistemas oceánicos por todo el planeta. Numerosas especies de animales, plantas o algas que viven en los mares de todo el mundo necesitan fijar carbonato de calcio (CaCO3) para formar sus estructuras óseas, sus esqueletos, caparazones y conchas. La acidificación de los océanos impide estos procesos de formación, por lo que interfiere en los procesos de crecimiento de estos seres vivos, en sus procesos metabólicos y hasta en su reproducción. Esto, a la larga, se traduce en la muerte de estos seres vivos y en una pérdida de la biodiversidad de los ecosistemas marinos. Hablamos de moluscos, crustáceos, caracoles y babosas marinas. De estrellas de mar, de peces o de algas calcáreas. Del fitoplancton o de los arrecifes de coral.

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Miles y miles de seres vivos que son el sustento de otras tantas especies marinas y la base de toda la cadena trófica de estos ecosistemas. Por ello, además de un grave problema medioambiental, este ritmo de acidificación de los océanos puede terminar también en una grave crisis económica e incluso en hambrunas, ya que los mares y océanos representan el sustento y la fuente de todo tipo de recursos para millones de personas a lo largo y ancho del planeta. Por ello, esta acidificación de los océanos no es más que otra prueba de la urgente necesidad que tenemos de migrar hacia un modelo económico global que no dependa de los combustibles fósiles ni de las emisiones de gases de efecto invernadero. Un modelo de eficiencia energética basado en el uso de fuentes de energía renovables que permita el desarrollo de las actividades humanas de manera sostenible y en armonía con el medio ambiente.

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