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Sigue habiendo un agujero en la capa de ozono, aunque se está reduciendo

En el momento actual, problemas como el cambio climático y el calentamiento global del planeta o, en menor medida, la contaminación de la tierra, los océanos y la atmósfera debido a los desechos plásticos y microplásticos, copan la mayor parte de las preocupaciones en lo que a ecología se refiere. Los avances científicos en estos ámbitos y la posibilidad de constatación de sus efectos devastadores para nuestra salud y para el medio ambiente han puesto estas problemáticas en el punto de mira. El mundo académico, las organizaciones ecologistas y los ciudadanos comprometidos con el cuidado del planeta intentan concienciar al resto de la necesidad de actuar al respecto. Pero hace tan solo unas décadas, el problema medioambiental por excelencia era otro: el agujero de la capa de ozono. Desde mediados de la década de 1980, todos los esfuerzos se pusieron en entender y atajar el problema del creciente agujero que la capa de ozono comenzaba a presentar en torno a las zonas polares. Una amenaza de tal magnitud que hizo que el mundo tomara medidas a nivel global. En la actualidad, podemos afirmar que esas medidas fueron acertadas y el resultado es que el agujero de la capa de ozono se está reduciendo lentamente, pero aún hay mucho trabajo por hacer. Por eso, hoy queremos acercarnos a la problemática del agujero de la capa de ozono, para conocer por qué se originó este problema medioambiental, cuáles son las principales amenazas que plantea y cómo se le está intentando poner solución desde hace años. Y, de paso, veremos cómo sí es posible subsanar los problemas medioambientales que causamos los seres humanos cuando se tiene la firme voluntad de hacerlo. 

El problema del agujero de la capa de ozono

La capa de ozono es una parte de la estratosfera situada a unos 50 km de altura sobre el nivel del mar, donde se muestra la concentración más elevada de moléculas de ozono en el aire. La concentración de ozono en este manto de la atmósfera suele presentar una medida promedio de unas 300 unidades Dobson. Cada unidad Dobson, representa la cantidad de moléculas de ozono necesaria para formar una capa de 0,01 mm espesor, a una temperatura de 0 grados centígrados y a una atmósfera de presión. 

Antes de 1979, ningún científico había registrado una concentración inferior a 220 unidades Dobson en la capa de ozono. Sin embargo, la preocupación de la comunidad académica se comenzó a disparar a partir de la década de 1980. No era para menos: en 1985, en algunas zonas de la capa de ozono se habían registrado concentraciones inferiores a las 100 unidades Dobson, lo que, traducido al lenguaje coloquial, quería decir que había un agujero en la capa de ozono. Un agujero que presentaba su mayor nivel de erosión en las zonas de la atmósfera situadas sobre la Antártida. 

La predicción según la NASA en caso de que no se hubiera tomado ninguna medida para frenar el agujero de la capa de ozono.

¿Por qué se creó el agujero de la capa de ozono?

A partir de 1986, científicos como la investigadora estadounidense Susan Salomon, de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), comenzaron a señalar a ciertos compuestos químicos como los responsables de causar el agujero en la capa de ozono: los clorofluorocarbonos (CFC) y, en menor medida los hidroclorofluorocarbonos (HCFC). Estos compuestos liberan moléculas de cloro, flúor o bromo en el aire, sustancias que bloquean el ciclo de renovación del ozono atmosférico, dando como resultado una menor concentración de este último en la capa de ozono. 

¿Y de dónde venían los CFCs? Pues este tipo de compuestos, que engloba a cerca de 100 sustancias diferentes, se empleaban en la elaboración de multitud de productos. Algunas de las aplicaciones más comunes de los CFCs han sido como gases propelentes para aerosoles (lacas, pinturas en spray, productos de aseo), como parte de productos de limpieza en seco, como refrigerantes en aparatos como frigoríficos, neveras y aparatos de aire acondicionado, etc. 

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¿Qué amenazas plantea el agujero en la capa de ozono?

La capa de ozono es fundamental para el desarrollo de la vida en la tierra. Su principal función es la de proteger a la superficie terrestre de la incidencia de uno de los componentes negativos de la luz solar: los rayos ultravioletas de tipo B (UVB) o rayos ultravioletas de onda media. De la misma manera, permiten el paso de otro tipo de radiaciones que sí son necesarias para el desarrollo de la vida de plantas y animales, como es el caso de los rayos ultravioleta de tipo A (UVA), o de onda larga. La disminución de la protección que nos brinda la capa de ozono y de una mayor exposición a la radiación UVB estarían relacionadas con consecuencias medioambientales y de salud como: 

  • Modificaciones en organismos animales y vegetales a nivel genético.
  • Cáncer de piel en seres humanos, pero también en otros mamíferos.
  • Cataratas y otros problemas de visión.
  • Debilitamiento de nuestro sistema inmune, haciéndonos más propensos a sufrir enfermedades e infecciones.
  • Incidencia negativa sobre los ciclos vitales de las plantas, modificando sus procesos de crecimiento y floración. 
  • Disminución de los niveles de concentración de fitoplancton en los océanos, base de la cadena trófica de los ecosistemas marinos. 

¿Qué se ha hecho al respecto? La situación actual del agujero de la capa de ozono

En la década de 1980 las alarmas de la comunidad científica fueron escuchadas. Políticos, organizaciones medioambientales y gobiernos tomaron medidas y la población mundial se concienció sobre la problemática que planteaba el agujero en la capa de ozono. Esta corriente de responsabilidad sobre el problema cristalizó el 16 de septiembre de 1987 en el Protocolo de Montreal. Este acuerdo, posiblemente el más exitoso jamás firmado sobre temática medioambiental en todo el mundo, promovió una serie de medidas diseñadas para revertir el agujero de la capa de ozono. Entre ellas, las más importantes fueron las de prohibir la fabricación, comercialización y uso de los CFCs y posteriormente también de los HCFCs. Así, se planteó un calendario de fechas para su progresiva eliminación. 

Desde la entrada en vigor de las medidas marcadas por el Protocolo de Montreal y hasta el año 2000, la superficie del agujero de la capa de ozono fue en aumento, llegando ese año a una cobertura de 25 millones de kilómetros cuadrados. A partir de entonces, las medidas adoptadas fueron mostrando sus frutos, comenzando a reducirse lentamente el agujero de la capa sobre la superficie de la Antártida. En 2017, este mostró su menor superficie desde el año 1988, con una abertura de unos 12 millones de kilómetros cuadrados

Nivel medio de ozono en Antártida

Según un estudio elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente, en colaboración con la Organización de Meteorología Mundial, la NASA, la NOAA y la Comisión Europea, si se continúa con este ritmo de regeneración de la capa de ozono, el agujero debería cerrarse completamente en torno al año 2070. Sin embargo aún hay mucho trabajo por hacer para que esto suceda. Parte de este trabajo consistirá en que se sigan cumpliendo de manera estricta las directrices marcadas por el Protocolo de Montreal. Por ejemplo, atajando los nuevos repuntes de emisiones de CFCs que se han detectado en los últimos años. Lo que sí queda claro es que el Protocolo de Montreal es un ejemplo inapelable de que la solución de los desafíos medioambientales del planeta es una cuestión de voluntad. La unión de gobiernos, instituciones, organizaciones ecologistas y ciudadanía es fundamental a la hora de lograr acuerdos globales y contundentes. El Protocolo de Montreal nos muestra el camino a seguir para abordar otros problemas ecológicos más acuciantes en la actualidad: calentamiento global y cambio climático, emisiones de CO2, contaminación por plásticos… Si queremos, podemos.

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