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Las colillas de cigarrillo contaminan, ¿por qué no se reciclan?

Los seres humanos llevamos consumiendo tabaco desde hace unos 8 000 años aproximadamente. A lo largo de la historia, hemos empleado esta planta y sus productos derivados de diferentes formas, bien mascada, esnifada o, en la mayoría de las ocasiones, fumada. Alrededor del año 1800 comienzan a aparecer los primeros cigarrillos, elaborados con una cubierta exterior de papel, y para el año 1900 el consumo medio de cigarrillos entre los adultos de Estados Unidos es de unos 54 cigarrillos por año. Esta cifra de consumo promedio crece de manera drástica desde entonces, impulsada por la invención de las máquinas liadoras de cigarrillos, que permitían su producción industrial; y por una agresiva y constante estrategia de marketing y publicidad por parte de las compañías tabacaleras, apoyadas principalmente en el sector cinematográfico. Fumar era cool. Ver a actores y a actrices como Humphrey Bogart, Lauren Bacall o John Wayne con un cigarrillo entre los labios eran imágenes de lo más cotidianas en una sala de cine. Para el año 1963, el consumo medio de los estadounidenses se había incrementado hasta los 4 000 cigarrillos anuales. Y todo ello a pesar de que a partir de la década de 1950 ya comienzan a aparecer estudios médicos que confirman inequívocamente la relación de causa efecto entre el consumo de tabaco y el cáncer, algo que ya se venía sospechando desde los años 30 del siglo pasado. En un intento por ofrecer cigarrillos “más sanos”, en 1950 comienzan a comercializarse los cigarrillos con filtro, que rápidamente se convierten en el producto más consumido por los fumadores. Esta teoría, además de falsa y desacreditada en numerosas ocasiones por la Organización Mundial de la Salud, hace que al problema de salud pública que constituye el tabaquismo se sume también otro grave problema de contaminación medioambiental

La contaminación de las colillas en cifras

Las colillas de los cigarrillos están compuestas por restos de tabaco y por el filtro. Este filtro se compone, a su vez, en un 98 % de acetato de celulosa, o sea, de fibras de plástico, y de un 2 % papel. Esta composición y su pequeño tamaño, hacen que sean necesarias unas labores previas de desbroce y separación de los componentes antes de su reciclaje. Por lo que, en la práctica, son residuos no reciclables, al no estar preparadas la mayoría de las plantas de tratamiento de residuos para realizar estos trabajos tan específicos. 

De esta manera, la mayoría de las colillas de cigarrillos acaban siendo tiradas al suelo en todas partes: en las ciudades, en el campo, en las playas, etc. Según datos de la OMS, este sería el destino del 66 % de las colillas que se desechan a nivel mundial. Esto supone que las colillas sean el principal producto que se desecha en el mundo, por encima de los envases y los plásticos de un solo uso, constituyendo un 30 % de todos los residuos producidos. Según un estudio de 2017 realizado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, la cifra ascendería a 6,5 billones de colillas desechadas en todo el mundo de forma anual, de las cuales 4,5 billones terminarían arrojadas en el medio urbano o natural, sin ningún tipo de control. 

Un residuo especialmente peligroso

A pesar de que muchos fumadores y no fumadores tengan la idea de que los filtros de los cigarrillos son biodegradables lo cierto es que sucede todo lo contrario. El acetato de celulosa que se emplea para fabricar los filtros no es biodegradable y tarda entre 10 y 15 años en descomponerse, algo que hace fragmentándose en partículas de microplásticos, también muy contaminantes. Pero la contaminación por plásticos es solo la punta del iceberg del peligro medioambiental que suponen las colillas. Y es que estos filtros retienen hasta 8 000 componentes químicos contaminantes, o reactivos potencialmente contaminantes en contacto con el medio natural, presentes en el tabaco. Nicotina, acrilamidas, alquitrán, amoníaco… todas estas sustancias, algunas de ellas potencialmente cancerígenas, terminan llegando a la naturaleza, en tierra y también en el agua: desagües, canales, ríos, lagos y mares se ven afectados por la contaminación de las colillas, con la grave amenaza que esto constituye para los seres vivos que habitan en estos ecosistemas y también para las personas que consumimos estas aguas. Para que nos hagamos una idea, una sola colilla contamina unos 10 l de agua salada y hasta 50 l de agua potable y en el mundo se tiran al suelo 137.000 colillas cada segundo, según estimaciones de la OMS.

Posibles soluciones a la contaminación de las colillas

Las posibles soluciones al grave problema de contaminación ambiental y de salud pública que supone la contaminación por las colillas de cigarrillos pasan por abordar 3 aspectos fundamentales:

1. Limpieza y reciclaje. 

Para aminorar los riesgos que entraña la contaminación producida por las colillas de los cigarrillos debemos trabajar en hacer las innovaciones tecnológicas necesarias para poder procesarlas y reciclarlas adecuadamente. Esto es lo que hacen empresas como MeGo!, la primera planta de reciclaje de colillas de Francia y una de las pocas que hay en todo el mundo, o proyectos como el realizado por Valentín Gómez, Profesor de Física  de la Universidad de Extremadura, que pretende reciclar los filtros de las colillas como material aislante para la construcción. Destaca también la colaboración entre British American Tabacco y TerraCycle para el reciclaje de colillas. Pero además de innovar para poder reciclar estos residuos, también hay que reparar el daño que ya se ha provocado al medio ambiente. Así, organizaciones como Clean Ocean Action o campañas como #FillTheBottle trabajan por limpiar las calles, playas y todo tipo de lugares de las contaminantes colillas.

2. Voluntad política y legislación

Otro pilar fundamental para acabar con la contaminación de las colillas pasa por tomar las medidas legislativas necesarias para que esto suceda, algo que solo puede hacerse con voluntad política real. En este sentido, las multas que diferentes ciudades establecen para quienes arrojan colillas al suelo son una de las medidas más fáciles de aplicar y que ya han demostrado ser eficaces para reducir la proliferación de estos desechos. Pero la verdadera batalla pasa por realizar una presión auténtica sobre las compañías productoras de cigarrillos: prohibiendo la producción de filtros no biodegradables y haciéndolas legalmente corresponsables de la gestión y reciclaje de los residuos que se derivan de sus productos o imponiendo leyes que favorecen la investigación y uso de materiales naturales en los filtros.

Un ejemplo es el startup estadounidense, GreenButts, que ha desarrollado colillas de tabaco con materiales 100% naturales como el lino, el algodón y el cáñamo de manila sin compuestos artificiales ni residuos químicos. El tiempo promedio para la degradación de un filtro Greenbutts es de 3 días en compost o 2 minutos cuando se dispersa en agua a una agitación de 150 rp.

Pensemos que las compañías tabacaleras llevan investigando la producción de filtros biodegradables desde los años 70, pero no los han implementado simplemente porque nadie les ha obligado a hacerlo. El problema que subyace y que explica el hecho de que estas medidas no se hayan aplicado todavía radica en las presiones que el lobby de la industria del tabaco ejerce en los diferentes gobiernos del mundo. Como ya decimos, es necesario atajar esta problemática con voluntad política real y, para ello, es fundamental la presión social en este sentido. Algo que nos lleva al siguiente punto. 

3. Concienciación social

Reciclar las colillas es difícil. Conseguir que las autoridades legislen en contra de los intereses de las compañías productoras de cigarrillos es muy difícil. Pero hay algo que está absolutamente en nuestra mano y que es solo una cuestión de conciencia ecológica y de civismo: no tirar las colillas al suelo. Y es que este gesto está totalmente automatizado por la mayoría de fumadores, lo que revela un grave problema de desconocimiento de las consecuencias de este acto para el medio ambiente. ¿Qué hacer para evitarlo? Usar los ceniceros instalados en la mayoría de papeleras públicas que hay en las ciudades o llevar un cenicero personal donde recoger nuestras colillas. 


A menudo no se percibe el peligro real para la salud y para el medio ambiente que conlleva la contaminación producida por las colillas de los cigarrillos. Sin embargo, y como hemos tratado de dejar patente en este artículo, el peligro es real y muy alto. Esto hace imprescindible que se tomen medidas urgentes para solucionar el problema. Medidas que deben incluir a toda la sociedad, en especial, a las instituciones políticas y gubernamentales y a las empresas productoras de cigarrillos. Pero la medida más eficaz de todas contra la contaminación de las colillas empieza por nosotros mismos: DEJAR DE FUMAR. Nos lo agradecerá nuestra salud y todo el planeta. 

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