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[Lista] Disruptores endocrinos: contaminantes hormonales en alimentos

El pasado año 2018 Ecologistas en Acción publicó la última edición de su informe Directo a tus hormonas. Guía de alimentos disruptores. Esta publicación pretende una doble labor de información y de reflexión acerca de la presencia y el uso de sustancias químicas con capacidad para modificar las funciones hormonales en la producción de los alimentos que se comercializan en España. Las conclusiones del estudio muestran una realidad muy preocupante: en los alimentos que se venden en nuestro país pueden encontrarse residuos de hasta 38 plaguicidas y otros contaminantes clasificados como disruptores endocrinos (EDC: Endocrine-Disrupting Chemicals). Por ello, hoy vamos a dedicarle unos minutos a conocer qué son este tipo de compuestos, qué consecuencias puede acarrear su consumo para nuestra salud y para el medio ambiente y algunas alternativas que deberían adoptarse para minimizar la exposición de la población a estos tóxicos contaminantes. 

¿Qué son los disruptores endocrinos y por qué se encuentran en nuestros alimentos?

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas exógenas capaces de alterar el normal funcionamiento de nuestro sistema endocrino. Así, estas sustancias pueden modificar, inhibir o condicionar diferentes funciones hormonales, como la síntesis, liberación y transporte de las hormonas naturales de nuestro organismo, el bloqueo de las acciones que estas deben llevar a cabo, la alteración de sus funciones metabólicas o su eliminación. Esta capacidad de alteración del sistema endocrino, según la sustancia, puede afectar también a animales y plantas, por ello, hablamos de una amenaza para la salud de las personas, para el resto de seres vivos y para el medio ambiente en general. 

La manera en la que estos disruptores endocrinos llegan a nuestro organismo es principalmente a través de nuestra dieta, ya que estos contaminantes se encuentran en multitud de los alimentos con los que llenamos nuestra cesta de la compra a diario. El motivo de esta contaminación de los alimentos que consumimos hay que buscarlo en los sistemas de agricultura industrial y en el uso masivo de plaguicidas, pesticidas, fungicidas, insecticidas y tantos otros químicos empleados para optimizar la producción agrícola industrializada. Pero, además, este tipo de contaminantes se caracterizan por la capacidad de actuar negativamente en nuestro organismo en dosis extraordinariamente bajas, así como por la característica de persistir durante mucho tiempo en el medio natural. Por ello, también podemos encontrar este tipo de contaminantes en el aire que respiramos, en el agua o en el suelo. 

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Para que nos hagamos una idea de las dimensiones de esta problemática, basta señalar que en el año 2014 se comercializaron 78 926 toneladas de plaguicidas solo en España, siendo nuestro país el líder en la utilización de este tipo de productos químicos dentro de la Unión Europea. 

Efectos sobre la salud de los disruptores endocrinos

Las hormonas son una especie de mensajeros químicos cuya función es la regulación de las acciones de diferentes partes del cuerpo humano. Estas sustancias son capaces de influir en el comportamiento de las distintas células de nuestro cuerpo, por lo que su correcto funcionamiento es fundamental para un organismo sano. Es por ello que los disruptores endocrinos son especialmente peligrosos para la salud, ya que al igual que las propias hormonas, una concentración ínfima de estas sustancias es suficiente para romper el equilibrio endocrino de un organismo. 

Así, los disruptores endocrinos se asocian a multitud de males, enfermedades y trastornos de la salud relacionados con las funciones hormonales o con el desarrollo celular. Entre los más comunes destacaríamos: 

  • Daños en los sistemas reproductores femenino y masculino: infertilidad, pubertad precoz, malformaciones congénitas, síndrome del ovario poliquístico, problemas durante el embarazo, endometriosis, etc. 
  • Tumores en órganos dependientes de las funciones hormonales. Diferentes tipos de cánceres: de mama, de ovarios, de testículos, de próstata o de tiroides. 
  • Problemas en el desarrollo del sistema neurológico: hiperactividad, falta de concentración, pérdida de memoria, problemas auditivos, falta de coordinación motora, problemas de aprendizaje, etc. 
  • Enfermedades del metabolismo: obesidad, diabetes, etc. 
  • Afectación del sistema neuroinmune: esclerosis múltiple, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, etc.
  • Enfermedades cardiovasculares: en relación directa o como efecto derivado de problemas de obesidad o diabetes relacionados con los disruptores endocrinos. 

Cuestiones legales sobre los disruptores endocrinos

Como vemos, los disruptores endocrinos son contaminantes potencialmente muy peligrosos para nuestra salud y para el medio ambiente. ¿Cuál es el papel de las autoridades competentes a este respecto?

En la actualidad, en Europa se permite el uso de unas 493 sustancias como plaguicidas. La Unión Europea, a través del Reglamento 1107/2009 de plaguicidas, que regula los criterios para autorizar el uso de este tipo de químicos, prohíbe de forma explícita el uso de disruptores endocrinos. Así, hace referencia expresa a la prohibición de usar sustancias “que tengan propiedades de alteración endocrina que puedan causar efectos nocivos en los seres humanos”.

Sin embargo, y como denuncia Ecologistas en Acción en su informe, esta normativa no se aplica en la práctica. Principalmente, por la acción de los lobbies de la industria química y de negociadores del TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión), cuyas presiones han hecho que la Comisión Europea haya retrasado en múltiples ocasiones la publicación de los criterios por los cuales se establece la consideración de una sustancia como disruptor endocrino, algo que tenía obligación de hacer en 2013. Finalmente, a través del Reglamento 2018/605, de 19 de abril de 2018, la Comisión Europea aprueba estos criterios, pero lo hace estableciendo unos niveles de prueba excesivamente elevados para considerar una sustancia como disruptor endocrino. De esta manera, en la práctica, muy pocas sustancias resultan prohibidas tras la aprobación de esta normativa por su acción disruptora hormonal, por lo que el afán protector del Reglamento 1107/2009 de plaguicidas resulta absolutamente insatisfecho. 

Por estos motivos, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, organismo encargado de proponer los límites máximos de exposición a diferentes residuos químicos para poder definirlos como disruptores endocrinos, ha sido ampliamente criticada desde la comunidad científica europea, así como desde ONGs y otras asociaciones ciudadanas. La falta de transparencia de esta institución y los conflictos de intereses con la industria química parecen ser el origen de la mayor parte de las críticas. 

Sea como fuere, el hecho es que la regulación vigente no protege a los ciudadanos europeos contra los efectos negativos para la salud de los disruptores endocrinos, estableciendo unos límites máximos seguros (LMR) para estos compuestos muy superiores a los científicamente contrastados. El criterio para establecer estos límites no tiene en cuenta las características especiales de los disruptores endocrinos, características ligadas al funcionamiento hormonal, como su reactividad en concentraciones extremadamente bajas, el efecto cóctel (se analiza la el efecto de la presencia de químicos de forma aislada, en lugar del efecto combinado de diferentes contaminantes, como sucede en la realidad), la alta capacidad de bioacumulación de los disruptores, la importancia del momento de la exposición a estos contaminantes (no es lo mismo que la exposición se dé en un sujeto adulto, que en un bebé o un feto en desarrollo), o la relación no lineal entre la exposición y el efecto sobre la salud (efectos retardados que pueden desarrollarse muchos años después a lo largo de la vida del individuo).

Lista de disruptores endocrinos encontrados en los alimentos españoles

Para la elaboración del informe, Ecologistas en Acción se ha basado en los datos oficiales del Programa de Control de Residuos de Plaguicidas del año 2015, datos recogidos por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) y publicados en 2017. 

Para la elaboración del informe y la configuración de las listas, se ha empleado como referencia la clasificación de la Pesticide Action Network Europe (PAN Europe), que establece un listado de 53 sustancias activas con capacidad de alterar el sistema endocrino, atendiendo al criterio de clasificación empleado por la Unión Europea a través de la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) y de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). No obstante, otras entidades como la Comisión Europea, han elevado el número de sustancias disruptoras del sistema endocrino a 162.

Bajo estos criterios y tras el análisis de 2.186 muestras de alimentos, la conclusión es que en los alimentos españoles pueden encontrarse hasta 38 plaguicidas calificados por la normativa actual como disruptores endocrinos. Estos serían los siguientes:

  • 2,4-D
  • Abamectin
  • Bifenthrin
  • Bupirimate
  • Captan
  • Clorotalonil
  • Clorpirifós
  • Clorpirifós-metil
  • Cipermetrina
  • Ciproconazole
  • Deltametrina
  • Dimetoato
  • Fenbuconazole
  • Fenoxicarb
  • Flutriafol
  • Iprodion
  • Lambda-Cialotrina
  • Linurón
  • Malatión
  • Mancoceb
  • Maneb
  • Metiocarb
  • Metomil
  • Miclobutanil
  • Penconazole
  • Pirimicarb
  • Procloraz
  • Propamocarb
  • Propiconazole
  • Propizamida
  • Pirimetanil
  • Piriproxifen
  • Spiromesifen
  • Tebuconazole
  • Tiacloprid
  • Tiophanate-metil
  • Tolclofos-metil
  • Triadimefon y triadimenol

Por otra parte, los análisis realizados muestran también la presencia de otras sustancias prohibidas como endosulfán, DDT y lindano, algo que demuestra la alta persistencia de estos compuestos en el medio natural y su capacidad de seguir siendo consumidos en los alimentos a pesar de su prohibición hace años. 

En cuanto a los alimentos más contaminados estos pertenecen principalmente al grupo de las frutas y las verduras, apareciendo en alrededor de un tercio de las muestras analizadas la presencia de alguno o varios de los disruptores endocrinos anteriormente listados. Según el estudio, los alimentos más contaminados por plaguicidas disruptores endocrinos serían estos:

Posibles soluciones

Ante el grave peligro potencial que supone la presencia de los disruptores endocrinos en los alimentos que consumimos, tanto para la salud humana como para el medio ambiente, es vital que se tomen medidas urgentes. 

En este sentido, las autoridades e instituciones reguladoras deben cumplir con su obligación de protección de la salud pública y del medio ambiente y deben actuar para que se cumpla la normativa establecida en el Reglamento 1107/2009 de plaguicidas.

Por otra parte, es necesario también cambiar el modelo productivo hacia una agricultura más sostenible basada en la producción ecológica y alejada del modelo de agricultura industrializado y del uso de químicos. 

Leer más: ¿Qué es un alimento ecológico y cómo identificarlo?

Mientras llegan estas medidas, en el plano individual podemos tomar una serie de precauciones de cara a minimizar nuestra exposición a contaminantes y restos de plaguicidas disruptores endocrinos:

  • Priorizar el consumo de productos ecológicos, de origen local y producidos sin el uso de plaguicidas. De las 28 muestras de productos ecológicos examinadas, tan solo 1 presentó algún tipo de contaminante clasificado como disruptor endocrino, lo que evidencia la mayor seguridad de este tipo de productos y señala el camino hacia formas de agricultura más sostenible.  
  • Elegir alimentos que presenten menos contaminación por plaguicidas, usando como referencia la guía de Ecologistas en Acción. 
  • Lavar exhaustivamente y pelar frutas y verduras antes de su consumo.
  • Alimentar a bebés y niños pequeños con productos naturales o productos específicos para niños. Estos alimentos están sometidos a controles mucho más rigurosos en cuanto al uso de plaguicidas disruptores endocrinos a tenor de los resultados del informe. 
  • Adoptar una alimentación responsable, basada en productos ecológicos, saludables y sostenibles.

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