in

¿Cómo plantar un árbol? Guía para principiantes

La deforestación de grandes masas de bosques es uno de los grandes problemas medioambientales a los que debemos hacer frente en este siglo XXI. Los árboles no solo son seres vivos que debemos proteger y cuidar como parte de un esfuerzo de conservación de la biodiversidad del planeta. Más aún, los árboles son fundamentales para el correcto desarrollo de la vida del resto de seres vivos en el mundo: renuevan el oxígeno de la atmósfera, absorbiendo a su vez el CO2 y depurando el aire de contaminantes; son uno de los pilares vegetales de multitud de ecosistemas naturales; dan cobijo y alimento a millones de especies de animales e insectos, hongos, otros vegetales y a todo tipo de microorganismos; y un larguísimo etcétera.

Leer más: Principales causas de la deforestación

La forma más obvia y directa en la que podemos combatir la deforestación —y quizá, también la más bella— no es otra que plantando árboles. Por eso, hoy queremos presentar nuestra pequeña guía para principiantes con todos los aspectos esenciales que debemos tener en cuenta sobre cómo plantar un árbol. 9 pasos a seguir para asegurarnos de que nuestro árbol crezca sano y fuerte. 

1. Buscar información

Lo primero que deberemos hacer antes de ponernos manos a la obra es buscar alguna información sobre ciertos aspectos que serán fundamentales para garantizar la viabilidad del árbol. Debemos conocer las características climáticas y del suelo del lugar donde vamos a plantar el árbol. También aspectos relativos a las normativas forestales y medioambientales de la zona. En función del tipo de terreno, deberemos consultar a las autoridades correspondientes: agentes forestales, autoridades autonómicas, ayuntamiento, etc. Hay que tener en cuenta que el nuevo árbol interactuará con el resto del ecosistema donde lo vamos a integrar, por lo que incluso si pretendemos plantar en terreno privado, deberemos hacerlo conforme a la normativa de aplicación. 

2. Elegir la especie de árbol más adecuada

En función del lugar concreto de plantación, de su clima —principalmente temperatura, humedad y exposición solar— y de la composición del suelo —nivel de acidez, textura, nutrientes disponibles—, podremos determinar qué especie plantar. Debemos usar siempre especies autóctonas o, en todo caso, especies adaptadas que no perjudiquen al resto de seres vivos del ecosistema. 

Una vez decidida la especie a plantar, elegiremos el mejor lugar para hacerlo. Para no tener problemas, hay que tener en cuenta que el árbol crecerá en todas direcciones en el futuro: su tronco y sus ramas crecerán a lo alto y a lo ancho, pero también lo harán sus raíces. Así, deberemos prever el espacio que ocupará nuestro ejemplar cuando sea adulto, para poder mantenerlo lejos de carreteras, tendidos eléctricos, tuberías subterráneas, edificaciones y otro tipo de infraestructuras. 

Si vamos a plantar varios árboles, debemos informarnos sobre el espacio que necesitarán para desarrollarse. Como mínimo, dejaremos siempre al menos 3 metros de distancia entre árboles, para permitir su correcto aireamiento e insolación. También preveremos que los árboles no hagan sombra a otras plantas y cultivos una vez hayan crecido. 

En cuanto al momento adecuado para la plantación, esto dependerá de la especie en cuestión y del clima propio de la región de cultivo. En términos generales, siempre es recomendable evitar los períodos de sequía, como el verano, y optar por las estaciones donde la planta se encuentra en estado de latencia: principalmente el otoño o durante los inicios de la primavera. 

3. Preparar el lugar de plantación

Una vez sepamos donde vamos a plantar el árbol, debemos adecuar el lugar para hacer sitio a su nuevo inquilino. Desbrozaremos el punto elegido de vegetación (maleza, césped…), piedras y otros elementos que puedan dificultar el paso a las raíces del árbol. Es especialmente importante que eliminemos la competencia vegetal de nuestro árbol en la zona, para que este pueda disponer de todos los nutrientes y la humedad necesaria para desarrollarse durante la primera etapa de crecimiento. 

4. Cavar el hoyo de plantación

Ayudándonos de una azada, cavaremos un agujero lo suficientemente grande como para alojar bien las raíces de la planta. Como referencia, tomaremos una medida del doble del tamaño del cepellón de nuestro árbol, tanto a lo ancho como a lo alto. El cepellón o pan de tierra, es toda la masa de tierra que suele venir pegada a las raíces del árbol cuando lo trasplantamos. Siempre es mejor conseguir nuestros árboles con este cepellón, ya que proporciona una reserva de nutrientes y humedad que facilita al árbol la adaptación a su nueva ubicación. 

5. Rellenar parcialmente el hoyo

Una vez cavado nuestro hoyo, rellenaremos parcialmente el fondo con una mezcla al 50 % de compost y de tierra removida. También podemos usar sustratos o parte de la propia tierra extraída al cavar, siempre limpia, bien removida y libre de piedras y otros elementos duros. 

6. Retirar la maceta del árbol

A continuación, retiraremos la maceta, la bolsa o la malla en la que venga el cepellón del árbol. Lo haremos con cuidado de no dañar las raíces y de mantener la mayor cantidad de tierra con ellas. 

7. Plantar el árbol y rellenar el hoyo

El siguiente paso será colocar el árbol en la posición más vertical posible, en el centro del hoyo. Hecho esto, rellenaremos los huecos laterales con tierra removida, sustrato o mezcla de tierra y compost. Es muy importante que nos aseguremos de que el cuello de la raíz de la planta, donde comienza el tallo, quede a ras de la superficie. A continuación, prensaremos la tierra suavemente, para eliminar bolsas de aire, pero dejándola lo suficientemente suelta como para que las raíces de la planta puedan avanzar con facilidad. Usando las manos, haremos una pequeña depresión en la tierra alrededor del tallo. Esto servirá para recoger la humedad del riego o de la lluvia durante más tiempo, permitiendo que las raíces del árbol puedan hidratarse de forma lenta y obtener también los nutrientes que necesiten. 

8. Abonar

Si lo consideramos necesario, podemos aportar un poco de abono para que nuestro árbol tenga un extra de nutrientes durante los primeros días tras la plantación. Usaremos preferiblemente abonos ecológicos u orgánicos para evitar contaminar a nuestra planta. Para hacerlo correctamente, pondremos unos 50 – 75 gramos de abono (consultar las instrucciones del fabricante en cada caso) enterrados superficialmente a unos 20 centímetros del tallo del árbol, para evitar que el abono toque directamente las raíces y la absorción de nutrientes no sea demasiado rápida, ya que esto podría perjudicar al árbol. 

9. Proteger nuestro árbol y regar

Por último, podemos proteger nuestro árbol recién plantado con la ayuda de tutores, mallas y/o rejillas. Esto nos permitirá guiarlo para que crezca recto, señalizar correctamente su ubicación y evitar que pequeños herbívoros puedan alimentarse de sus hojas o dañar sus ramas o su tronco. Hecho esto, solo nos quedará regarlo abundantemente y, si nos es posible, seguir haciéndolo con regularidad durante el primer año de crecimiento. 


Como vemos, plantar un árbol es una tarea muy sencilla si tenemos en cuenta estos aspectos fundamentales. Una labor extraordinariamente valiosa para el medio ambiente, que nos ayudará a compensar positivamente nuestra huella ecológica. Aún así, si no podemos plantar físicamente un árbol por el motivo que sea, siempre podemos recurrir a la ayuda de algunas asociaciones y herramientas que nos permiten contribuir a la plantación de nuevos árboles. Es el caso de proyectos como Ecosia, un buscador web que dedica los ingresos generados con nuestras búsquedas a la reforestación; PlantaArboles, que desarrolla proyectos de Crowdforesting como parte de acciones de responsabilidad social corporativa para empresas; o Plantarse, que lleva a cabo programas de forestación basados en acciones de voluntariado.

15 curiosidades sobre los leopardos de nieve

¿Qué es agricultura ecológica y cuáles son sus ventajas?