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Las mascarillas desechables generan un nuevo impacto medioambiental

La crisis sanitaria, económica y social que ha desencadenado la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 en todo el mundo está causando una serie de efectos que nos afectarán a todos como sociedad global, y que aún necesitaremos años para asimilar. Sin duda, las muertes y la enfermedad causadas por la neumonía COVID-19 son los aspectos más notables y dolorosos de la pandemia. Pero no son los únicos. A las cuestiones sanitarias de la crisis habrá que ir sumando poco a poco otros tantos: la crisis económica derivada de la paralización de muchas actividades humanas como parte de las medidas de contención del virus; los cambios que deberemos implantar en el desarrollo de las relaciones sociales e interpersonales; el daño psicológico que dejará la pandemia en gran parte de la población, etc. Pero además de estas grandes transformaciones que ya somos capaces de anticipar en un futuro cercano, otros problemas menos perceptibles a primera vista están comenzando a aflorar. Hablamos, por ejemplo, de los problemas medioambientales que se derivan de una producción, uso y desecho de material sanitario e higiénico en unas proporciones masivas que no se han visto nunca antes. En un primer momento en el que la prioridad para todos es frenar el avance de la pandemia, se ha disparado la demanda y la producción de estos productos, lo que plantea un nuevo problema de sostenibilidad y contaminación que debemos añadir a todos los que ya soportaba el planeta antes de la llevada del COVID-19. Un ejemplo muy significativo de este nuevo reto de sostenibilidad que nos ha traído la pandemia es el de la contaminación del medio ambiente por el desecho de las mascarillas de protección contra el virus. Hoy veremos por qué su uso masivo está activando las alertas de científicos y organizaciones medioambientales en algunas partes del mundo. 

a donde ira las mascarillas desechables

Mascarillas sanitarias, un nuevo problema de gestión de residuos

A mediados del mes de marzo de 2020, la corresponsalía de la agencia de noticias Reuters en Hong Kong ya comenzaba a hacerse eco de la llamada de atención de organizaciones medioambientales como Oceans Asia. Gary Stokes, fundador de este grupo, denunciaba que a raíz de la crisis del coronavirus, las playas de lugares como las deshabitadas islas de Soko, cerca de Hong Kong, comenzaban a aparecer plagadas de mascarillas desechadas. Hasta 70 de ellas fueron encontradas en tan solo 100 metros de playa, con un incremento de 30 mascarillas más tan solo una semana después. Era el resultado de un uso diario y masivo de mascarillas desechables por parte de los 7,4 millones de habitantes de Hong Kong. Desde Oceans Asia alarmaban, no solo del grave problema medioambiental que esto supone para ecosistemas ya de por sí sensibles como el marino y las zonas de litoral, sino de la peligrosidad de este tipo de residuos, por tratarse de desechos sanitarios, potencialmente contagiosos y, cuando menos, antihigiénicos

Y es que las mascarillas desechables que hemos comenzado a utilizar en todo el mundo para evitar la expansión del COVID-19 suponen una triple amenaza para la sostenibilidad:

– En primer lugar, estas mascarillas están fabricadas mayoritariamente de productos plásticos derivados del petróleo. En esta hoja técnica de compañía 3M podemos ver, por ejemplo, como la mayor parte de los componentes que forman una mascarilla 8820 están compuestos por plástico: elastómero termoplástico para las gomas de sujeción; aluminio para la pinza que se adapta al contorno de la nariz del usuario; y poliéster o polipropileno, como materiales principales para la elaboración de los filtros. Una vez más, el plástico como solución de material para producir de forma rápida y económica, pero una elección que no contempla los costes medioambientales para el planeta. 

– En segundo lugar, por la propia naturaleza de la necesidad de emplear las mascarillas, estas deben ser de un solo uso, con el consiguiente problema de generación constante de residuos que esto supone. Por un lado, la naturaleza sanitaria de estos productos hace que no sea adecuada su reutilización por motivos de higiene. Por otro, la capacidad filtrante de las mascarillas se va perdiendo con el uso y con el contacto con la humedad ambiental que se condensa al respirar a través de ellas. Imaginemos el impacto medioambiental de estos residuos en el futuro cercano, ante la necesidad de que la mayor parte de la población mundial tenga que emplear mascarillas en su vida cotidiana. 

– En tercer lugar, su reciclado no es posible en la actualidad. Y así queda plasmado, por ejemplo, en el documento técnico del Ministerio de Sanidad sobre el tratamiento del COVID-19 durante los aislamientos domiciliarios. Como vemos, las mascarillas usadas, tanto por los pacientes como por los cuidadores y familiares a su cargo, deben terminar depositadas exclusivamente en el contenedor “fracción resto”. Algo que obedece a un criterio sanitario y que se aplica también a guantes, a otro tipo de elementos de limpieza y desinfección, y a las hasta 3 bolsas de plástico que hay que emplear para contener todos estos residuos. Una directriz necesaria para paliar los efectos negativos del COVID-19, pero que hace imposible su reciclaje, destinándolos a vertederos o plantas de incineración. 

¿Cómo afrontar el problema de contaminación de las mascarillas desechables? ¿Reutilizables, ecológicas o antivirales?

Si algo hemos aprendido intentando plantar cara a otros problemas medioambientales como el calentamiento global, la contaminación por plásticos o el agujero de la capa de ozono, es que el tiempo es un factor clave. Cuanto antes comencemos a buscar soluciones, antes podremos empezar a minimizar los efectos negativos de cualquier problema medioambiental. En este sentido, resulta esperanzador darse cuenta de que ya hay quien trabaja en poner solución al problema de gestión de residuos y de contaminación que supone el uso de mascarillas desechables, así como al desabastecimiento de materiales que entraña surtir a gran parte de la población mundial con estos elementos de protección contra el COVID-19. Este es el caso de las mascarillas reutilizables con filtros capaces de filtrar los partículas y bacterias. En la actualidad, hay muchos modelos disponibles en las farmacias o en diferentes tiendas online.

En este articulo queremos hacer una mención especial a LamasQ, la primera mascarilla que cuida tanto a las personas como al medio ambiente. En concreto, se tratan de mascarillas reutilizables fabricadas con algodón 100% orgánico. Tienen una filtración antibacteriana igual o superior al 91% y una capacidad de filtración del 96% de las partículas cumpliendo así la norma UNE-EN 149. Cada mascarilla se puede reutilizar hasta 40 veces siempre que se lave y se planche correctamente. Al ser de algodón 100% orgánico, estas mascarillas son más cómodas de llevar. Además, cuando finalice su periodo de vida útil, pueden desintegrarse en el medio ambiente sin generar residuos plásticos o microplásticos.

Otros trabajos se centran en desarrollar mascarillas capaces no solo de contener al virus como barrera, sino también de destruirlo. Este es el objetivo de MOxAd-Tech, una marca portuguesa que ha sido resultado de la colaboración del fabricante Adalberto, la minorista de la moda MO, el centro tecnológico CITEVE, el iMM y la Universidade do Minho. Según el Instituto de Medicina Molecular João Lobo Antunes (iMM; Lisboa, Portugal), esta es la primera mascarilla con capacidad de eliminar los restos del virus COVID-19 con su propio tejido. Puede conseguir una reducción viral de 99% del virus tras de una hora en contacto con su tejido. Incluso es efectiva después de 50 lavados.

En la misma línea también podemos encontrar productos innovadores de HeiQ (Suiza), que ha desarrollado telas con capacidad de eliminar el virus en menos 30 minutos. Su efectividad es de 99,99%. En España, podemos encontrar tiendas como Rewinder que tiene un modelo de mascarilla fabricada con esta tela HeiQ Viroblock. Además, en la misma tienda están disponibles otros modelos reutilizables 100% de algodón orgánico.


Sea como fuere, estas y otras investigaciones médicas abren un espacio para la esperanza de cara a minimizar el impacto ambiental que suponen las medidas de protección contra el COVID-19. Bien sea investigando sobre nuevos materiales, trabajando en formas alternativas de tratamiento de los residuos médicos o abordando el reciclaje de mascarillas. Cualquier iniciativa es útil de cara a conseguir que la protección contra el COVID-19 y otras posibles pandemias sea compatible con la sostenibilidad del medio ambiente. Más aún cuando todo parece indicar que las mascarillas pueden convertirse en un objeto cotidiano para muchos de nosotros.

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