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Movilidad sostenible y alternativas para un transporte más limpio

La tendencia de la distribución de la población en los países más desarrollados desde un punto de vista económico y, en gran medida también, en resto de países del mundo, gravita en torno a los grandes núcleos urbanos. Así, por ejemplo en España, para el año 2035 se prevé que alcancemos una cifra cercana a los 49 millones de habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Las estadísticas del INE parecen indicarnos que para el año 2050 un 88 % de las personas del país vivirán en núcleos urbanos. Y lo que es más preocupante, alrededor de un tercio de la población total del país se distribuirá entre las áreas metropolitanas de las dos ciudades más grandes del país: Madrid y Barcelona. Una tendencia demográfica generalizada en el resto de Europa y en el mundo, a tenor de las últimas publicaciones de la División de Población de la ONU en este sentido.

Esta gran concentración de la población de los países en sus ciudades más grandes nos lleva principalmente a dos cosas: un crecimiento de la expansión física de estas ciudades y una densidad de población cada vez mayor. Y esto se traduce en un aumento de la dificultad a la hora de proponer soluciones para construir ciudades más sostenibles. Y sobre esta cuestión, abordar el tema de la movilidad sostenible es uno de los puntos más urgentes que deben tratarse a nivel global. 

Por ello, hoy queremos dedicar unos minutos a entender qué es la movilidad sostenible, por qué es tan importante y necesario buscar soluciones de este tipo para reducir los niveles de contaminación derivados de las actividades de transporte y cuáles son las principales alternativas de transporte sostenible que tenemos para una movilidad más limpia. 

La importancia del transporte sostenible

La gran dependencia de los combustibles fósiles que todavía tenemos en todo el mundo se deja ver también, y sobre todo, en todo lo relativo a la movilidad urbana e interurbana. A día de hoy, seguimos dependiendo del petróleo y de sus combustibles derivados para llevar a cabo la mayor parte de los movimientos de personas y de mercancías que se dan a diario en las grandes ciudades y en las carreteras que las conectan. 

Un nivel de tráfico que reporta alrededor del 25 % de todas las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero asociadas al consumo energético en el contexto de los países europeos, como afirma la Agencia Europea de Medio Ambiente. 

Y, como ya sabemos, en este CO2 y en estas emisiones de gases de efecto invernadero encontramos la principal causa de muchos de los grandes problemas medioambientales que afrontamos en este inicio del siglo XXI, y que tendremos que seguir encarando, también, en el futuro más inmediato: el cambio climático y el calentamiento global, la acidificación de los océanos, el agujero en la capa de ozono, el deshielo de las grandes masas heladas de los polos y un largo etcétera. Razones más que de sobra para buscar alternativas hacia una movilidad más sostenible. 

Pero, ¿qué entendemos por movilidad sostenible?

¿Qué es la movilidad sostenible?

Como muchas veces decimos en En Estado Crudo, toda actividad humana conlleva un impacto ambiental, por pequeño e insignificante que este pueda parecer. Desde el momento en el que respiramos, estamos emitiendo CO2 a la atmósfera y, a partir de aquí, cada cosa que hacemos incrementa nuestra huella de carbono. Por eso, hablar en términos absolutos sobre movilidad sostenible no tiene demasiado sentido, ya que ninguna propuesta de movilidad va a ser 100 % sostenible. Al igual que ningún producto, ningún servicio ni ninguna actividad pueden ser considerados 100 % ecológicos. Y por este motivo, entendemos la movilidad sostenible como cualquier propuesta de movilidad que contribuya a reducir el impacto ambiental de forma sustancial, con respecto al impacto y la huella de carbono que representan las opciones de movilidad convencionales. Sería así, la movilidad sostenible, todo un conjunto de acciones dirigidas a optimizar el uso y el funcionamiento de los medios de transporte desde un punto de vista ecológico y medioambiental, tendiendo siempre a reducir los niveles de CO2 y de contaminación generados por estas actividades. 

Para que nos quede del todo claro, nada mejor que entenderlo a través de algunos ejemplos de alternativas para una movilidad sostenible y un transporte más limpio.

Algunas alternativas para una movilidad sostenible

Para finalizar, vamos a ver algunas de las principales alternativas con las que contamos en la actualidad para poder modificar nuestros hábitos de transporte hacia un modelo más sostenible, menos contaminante y más respetuoso con el medioambiente.

Algunas de estas alternativas para una movilidad más sostenible son estas:

alternativas movilidad sostenible

Caminar

En función de la distancia que necesitemos recorrer, caminar puede ser la opción más fácil y sencilla de alternativa sostenible de movilidad. Una forma de reducir nuestro impacto ambiental que no solo afectará positivamente a la atmósfera, sino que además nos alejará del sedentarismo y nos ayudará a cuidarnos. 

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Usar la bicicleta 

De la misma forma que caminar, el uso de la bici es otra de las formas más limpias que podemos emplear para movernos por entornos urbanos y rurales. Igualmente, esta alternativa no es viable si necesitamos recorrer grandes distancias, pero si la ocasión nos permite ir en bicicleta, nuestra salud también nos lo agradecerá. 

Priorizar el uso del transporte público

Usando el transporte público, sobre todo en ciudad, no sólo reducimos la contaminación por dejar nuestro coche en casa. Además, estamos contribuyendo a que el tráfico urbano sea más fluido y a evitar atascos, responsables de un incremento notable en las emisiones de CO2 derivadas del uso del automóvil. Así, el uso del autobús, del metro, del tranvía o de otras soluciones de transporte público siempre son buenas opciones para adoptar unos hábitos de movilidad más sostenibles. 

Uso de vehículos eléctricos 

Desde el uso de automóviles eléctricos privados, hasta las últimas soluciones de vehículos de movilidad personal de uso compartido y propulsión eléctrica disponibles en las grandes ciudades. Ya sean coches, ciclomotores, bicicletas, patinetes o cualquier otro tipo de artilugio con ruedas, la opción de propulsión por electricidad de estos vehículos suponen una reducción de las emisiones de CO2 respecto a un motor de explosión.

Priorizar el tren sobre el avión

Aunque la popularización de los vuelos baratos han hecho que muchas personas se decanten por este método de locomoción para los trayectos de cierta envergadura, lo cierto es que esta forma de moverse es de las más contaminantes. Además, en trayectos de distancias medias, y teniendo en cuenta los mayores tiempos de espera que se necesitan para embarcar y desembarcar de los aviones, en ocasiones esta opción no es tampoco la más rápida. Para este tipo de trayectos de entre 2 y 4 horas de duración, siempre es mejor decantarse por el tren. Un vehículo casi siempre propulsado por electricidad y mucho más sostenible. 

Optimizar el uso del automóvil

Cuando no nos quede más remedio que usar el coche, también podemos intentar hacerlo de una forma más sostenible. Compartir el viaje con otras personas o adecuar nuestra conducción para reducir el consumo de combustible del automóvil es una de las opciones más sencillas de movilidad sostenible que podemos aplicar al volante. Y nuestro bolsillo también se beneficiará de ellas. 

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