En los últimos 20 años —y con el proceso globalizador mediante— la industria textil ha adoptado un funcionamiento a todas luces insostenible desde un punto de vista ecológico. Es lo que conocemos hoy en día como fast fashion. Se trata de un término derivado del fast food o comida rápida que, a su vez, no es más que un mero eufemismo para referirse a la comida basura. Y es que basura es el sustantivo más adecuado en este caso: moda basura. Según datos de Asirtex, la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil, cada español consume, de media, unas 34 prendas de ropa al año. Y en ese mismo año, tirará a la basura entre 12 y 14 kilos de ropa (en el mejor de los casos) usada. Estas cifras alcanzarían los 35 kg. de desechos textiles al año en el caso de un ciudadano medio de EEUU.
Estamos ante otro daño colateral de la sociedad de consumo reinante en la actualidad. En este caso, un daño atribuible a los otros muchos generados por la industria textil en todo el mundo. Una serie de perjuicios que van desde la explotación laboral hasta la contaminación medioambiental a gran escala, convirtiendo a la industria textil en la segunda más contaminante del planeta, tan solo por detrás de la industria petrolífera.
Algunas cifras para dar contexto a estas palabras:
Podemos hacer al menos 3 cosas: crear una presión social en favor de un modelo de producción textil ecológico y sostenible, que empuje a gobernantes y a empresas a comprometerse con el cuidado medio ambiente; comprar ropa de forma responsable, evitando las compras impulsivas y comprando bajo criterios de calidad, durabilidad y procesos de producción sostenibles; reutilizar y reciclar nuestra ropa usada.
Hoy nos centraremos en el tercero de estos aspectos, la reutilización y el reciclaje de nuestra ropa usada, haciendo un repaso de los principales puntos de recogida a donde podemos llevar nuestra ropa usada para que sea procesada.
En la mayoría de pueblos y ciudades es relativamente fácil encontrar algún punto de recogida de ropa usada. Estos puntos de recogida pueden estar gestionados por asociaciones u organizaciones sin ánimo de lucro, por administraciones locales o por empresas privadas. A continuación veremos algunas de estos puntos donde podemos donar nuestra ropa.
Cáritas es uno de los agentes más conocidos en la recogida de donaciones de ropa usada. Seguramente nuestra ciudad cuente con algún punto de recogida de ropa gestionado por Cáritas o bien podremos donar nuestra ropa en una parroquia para que ellos se ocupen de su procesado.
La propia Cáritas tiene numerosos contenedores de recogida de ropa usada distribuidos por toda España. También podemos encontrar contenedores para la recogida de ropa de organizaciones y asociaciones como la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (ASIRTEX) o la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS)
Lamentablemente, también hay quien hace negocio con la recogida de ropa usada para su reutilización y reciclaje. De hecho, muchos de los contenedores de recogida de ropa que nos encontraremos por las calles pertenecen a empresas privadas que operan a través de convenios con los ayuntamientos. En estos casos, según datos de ASIRTEX, el 65 % de la ropa recogida será revendida en países de África, América del Sur y del este de Europa. Tan solo un 1 % se destinará a fines caritativos y el resto será desechada.
Paradójicamente, algunas de las marcas responsables de los derroteros que la industria textil ha tomado en los últimos tiempos también se han unido a las labores de recogida de ropa usada. Más allá de entrar en un debate sobre los intereses que pueda haber detrás de estas iniciativas, nos limitaremos a mencionar algunos ejemplos. Zara y H&M son dos de las marcas que han comenzado a recoger ropa usada que, según dicen, donarán a ONGs locales. En el caso de Zara, además de poder depositar nuestra ropa en sus establecimientos, también pueden recogérnosla a domicilio (previa solicitud) en el caso de que hagamos una compra online. Si elegimos esta opción, nuestra ropa terminará en alguno de los centros de recogida de Cáritas. Por su parte, H&M revende las prendas en buen estado y recicla los tejidos de las prendas que no pueden vestirse para hacer prendas recicladas o trapos de limpieza. Por cada bolsa de ropa que les entreguemos, nos darán un cupón de descuento para próximas compras.
El hecho de donar nuestra ropa usada puede suponer una valiosa ayuda para gente que no tiene la posibilidad económica de comprarla, pero también es un movimiento en favor del medio ambiente. Al donar nuestra ropa contribuimos a contener la producción de nuevas prendas, evitamos el desecho de nuestra ropa como basura y alargamos su vida útil. En definitiva, contaminamos menos.
Independientemente del lugar en donde decidamos donar nuestra ropa usada, hay algunos consejos que podemos tener en cuenta para hacerlo de la manera más efectiva posible. Algunos serían estos:
Como hemos visto, dar una segunda vida a la ropa que ya no vamos a utilizar es relativamente sencillo y accesible a todo el mundo. Haciéndolo, contribuiremos a frenar el consumo innecesario y reduciremos nuestra huella ecológica. Y, lo más importante, ayudaremos a vestirse a alguien que lo necesita.
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