in

El chicle no es biodegradable y se tiene que reciclar

Un producto aparentemente inofensivo como el chicle supone un auténtico reto para la limpieza de ciudades de todo el mundo y también un grave problema medioambiental. Y es que a diferencia de lo que pudiéramos pensar, los materiales con los que se elaboran la mayor parte de los chicles en la actualidad no son biodegradables. Es más, de no ser procesados adecuadamente, su ciclo de degradación natural puede durar 5 años. Un período de tiempo en el que se descomponen lentamente, liberando sustancias contaminantes en ciudades y medios naturales. Por ello, es importante concienciarse de que los chicles deben ser reciclados y de que debemos desecharlos de la manera más limpia y responsable posible. Para ello, hoy echaremos un vistazo a las iniciativas que se han lanzado recientemente en diferentes ciudades del mundo, con el objetivo de atajar el problema de suciedad vinculado al consumo de chicles. Propuestas que abarcan la concienciación ciudadana, el correcto desecho y recolección de chicles usados y su posterior procesamiento y reciclaje.

¿De qué están hechos los chicles?

Tradicionalmente, los chicles se han venido haciendo a partir de polímeros gomosos obtenidos del procesamiento de la savia del árbol Manilkara zapota, una planta originaria de América Central y América del Sur, principalmente de países como México, Guatemala o Venezuela. En la actualidad, este polímero de origen natural ha sido sustituido por otro tipo de compuestos poliméricos en los procesos de producción industrial. El poliisobutileno, la goma xantana o el acetato de polivinilo son algunos de los compuestos más utilizados en la fabricación de chicles hoy en día. Algunos de ellos, son materiales plásticos no biodegradables, por lo que los chicles han sido considerados siempre como desechos difícilmente reciclables. Sin embargo, su procesamiento sí es posible y así lo certifican diferentes proyectos para el reciclaje de chicles que  se están llevando a cabo en diferentes partes del mundo.

Ciudad de México

Una de las ciudades pioneras en la recolección de chicles usados y su reciclaje es la capital de México, posiblemente uno de los primeros países en donde se comenzó a consumir chicle en la forma en la que lo hacemos hoy en día. La metrópoli mexicana inició en 2018 la campaña #TiraTuChicleAlBote, un proyecto liderado por la compañía productora de chicles Trident y llevado a cabo en colaboración con la empresa de alimentación Mondelez y la empresa de reciclaje Terracycle. La campaña consiste en la instalación de 75 contenedores específicos para la recolección de chicles distribuidos por el centro histórico de la ciudad. Los chicles recolectados son procesados y combinados con otros polímeros plásticos reciclables, después se transforman en pellets de polímeros y posteriormente se emplean para la fabricación de diferentes objetos de plástico. Algunos de estos objetos son nuevos contenedores de recogida de chicles que son instalados en nuevos puntos de la ciudad. La campaña se complementa con la participación de 75 jóvenes dedicados a informar y concienciar sobre la importancia del reciclaje de chicles y de mantener la ciudad limpia. Un proyecto especialmente interesante, ya que surge de la iniciativa de los propios productores de chicles, como parte de sus programas de responsabilidad social corporativa, lo que hace que esta acción tenga un coste cero para la Ciudad de México.

Ámsterdam

Los Países Bajos son todo un referente europeo en cuanto al reciclaje de desechos y el tratamiento de residuos. Según un informe elaborado por el Parlamento Europeo, este país logró reciclar el 53 % de sus residuos en 2016, convirtiéndose en el tercer país con mejor tasa de reciclaje de la Unión Europea, solo por detrás de Alemania y de Austria.

La capital neerlandesa lidera esa filosofía de reciclaje y cuidado del medio ambiente. Ámsterdam cuenta con 22.000 carriles para bicicletas, lo que se traduce en un bajo nivel de emisiones de gases a la atmósfera, al constituir los desplazamientos en bicicleta el 40 % del total del tráfico de la ciudad. En cuanto al procesamiento de chicles usados, Ámsterdam ha iniciado un interesante proyecto junto con la empresa especializada en el reciclaje de chicles Gum-Tec y la marca de moda Explicit. Para ello, se ha creado un equipo especializado en la retirada de chicles usados de los pavimentos de la ciudad. Una vez recogidos, los chicles se reciclan dando lugar a diferentes polímeros plásticos que se emplean para la fabricación de la suela de unas zapatillas, las Gumshoe. Una suela cuyo diseño se inspira en el callejero de Ámsterdam y que refleja también las tres equis, emblema de la ciudad. Este inteligente proyecto sirve para difundir los mensajes de reciclaje y de cuidado del medio ambiente de una forma atractiva. Y, de paso, contribuye a atajar el problema de suciedad que plantean el millón y medio de kilogramos de chicles que se acumulan en los suelos de la ciudad cada año.

View this post on Instagram

#gumshoe #gum #recycledchewinggum

A post shared by GUMSHOE (@gumshoeamsterdam) on

Ciudades del Reino Unido

Gum-Tec, la empresa de reciclaje de chicles que participa en el proyecto Gumshoe de la ciudad de Ámsterdam, también está detrás de diferentes proyectos de reciclaje de chicles que tienen lugar en diferentes ciudades del Reino Unido. Lo hace como parte de un proyecto superior, el que aborda la compañía Gumdrop, fundada por la diseñadora británica Anna Bullus.

Después de más de 10 años de trabajo y 3 años de investigación conjunta con el Departamento de Polímeros de la Universidad Metropolitana de Londres, Bullus desarrolló un nuevo material a partir de chicles reciclados, que bautizó como Gum-Tec. Un material reciclado que puede emplearse para la fabricación de diferentes objetos plásticos mediante los mismos métodos de producción que se usan con los polímeros más comunes en la industria.

Al mismo tiempo, la diseñadora ha creado las Gumdrop Bins, unas papeleras para la recogida de chicles usados elaboradas, a su vez, con chicles usados. Estas papeleras recuerdan la apariencia de una pompa de chicle de fresa, una solución de diseño tomada para estimular a la gente a usarlas y para hacerlas más visibles en los espacios en los que se instalan.

A través de estos proyectos, Gumdrop ha conseguido llegar a diferentes ciudades británicas y colocar sus papeleras de reciclaje de chicles en lugares de gran afluencia de público. Así, podemos encontrar las Gumdrop Bins en los campus de las universidades de Winchester y Leeds, en los lugares de celebración del Carnaval de Notting Hill, en la ciudad de Cardiff o en el aeropuerto de Southampton.

En una prueba de tan solo 3 meses llevada a cabo en el aeropuerto londinense de Heathrow, las papeleras de reciclaje de chicles de Gumdrop supusieron un ahorro en costes de limpieza de 6.000 libras, lo que nos da una idea de la utilidad y proyección de esta iniciativa.


Como hemos visto, los chicles no son biodegradables, por lo que deben ser reciclados de forma adecuada. Por suerte y gracias a los últimos avances científicos y tecnológicos desarrollados en este sentido, los chicles no tienen por qué ser considerados nunca más como desechos difícilmente reciclables. Hoy en día, es posible dar un segundo uso a los materiales utilizados en la producción de chicles. Para poder hacerlo, es necesario que todos colaboremos, siendo conscientes del problema de suciedad urbana y medioambiental que supone no tirar los chicles usados a la papelera.

Principales diferencias entre probióticos y prebióticos

Ranking 2018: las ciudades y países más/menos contaminados del mundo